Ahorra en servicios: El intercambio de conocimientos

Si nos paramos a pensarlo con detenimiento, el dinero no es más que papel y metal. Todo lo demás es el valor que le otorga el sistema y que nosotros hemos ido adquiriendo desde que somos pequeños y recibimos nuestra primera moneda. Pero, ¿qué vale un euro? Al igual que el dólar, y al contrario que las divisas antiguas, el euro no tiene una equivalencia en cantidad de oro, no está respaldado por nada físico.

Digo todo esto, porque estos datos me hicieron más fácil el camino a la hora de poner en práctica el intercambio de conocimientos, una gran forma de ahorrar dinero.

Cuando se nos rompe una cañería, llamamos al lampista y pagamos la factura. Cuando necesitamos clases particulares, vamos a una academia y pagamos la factura. Nos pasamos el día pagando facturas sin pensarlo demasiado, pero, ¿como se calcula el valor real del trabajo? Si eres autónomo creo que entenderás bien mis palabras (si eres diseñador aún más). Y la respuesta es la siguiente: No se puede, no existe ninguna formula exacta.

Así pues, intenta hacer una lista de lo que tu puedes ofrecer, que sabes hacer y cuanto tiempo puedes dedicar a ello, y la próxima vez que necesites un servicio por el que normalmente pagarías, plantéate la alternativa. Yo personalmente, llevo años ofreciendo mis conocimientos en distintas áreas a cambio de multitud de servicios, y aparte del dinero que me he ahorrado, la sensación es mucho mejor que la del puro intercambio de tarjetas de crédito, os lo aseguro.

Y para todos los que mientras leéis esto os seguís preguntando cómo calcular el valor de tu tiempo o de lo que ofreces para que no te tomen el pelo, solo os puedo asegurar que el volumen de horas que ha tardado alguien a aprender a hacer páginas web es equiparable al que ha dedicado la vecina de arriba a aprender a cocinar. Si os podéis liberar de este sistema de pensamiento, ya tendréis mucho de ganado, pues el equilibro es necesario, pero lo puedes modelar tú. Todo lo demás, lo dejo a manos del sentido común.

He aquí unos cuantos ejemplos que yo personalmente he llevado a cabo o he observado y me han parecido curiosos:

  • Cena a cambio de ayuda costurera
  • Rascador de gato a cambio de ayuda para transportar un armario
  • Página web a cambio de servicios ilimitados (pero con un uso racional) en una tienda
  • Clases de español a cambio de compartir la red inalámbrica
  • Transporte diario al trabajo a cambio de un día semanal de clases de ofimática
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