Buscando la mejor mirada de Lisboa

Lisboa es una de las ciudades europeas con más encanto. Sus calles, sus tejados y su mirada continuada al río Tajo y al mar le han creado una marcada personalidad que no deja a nadie indiferente

Espectacular vista panorámica de Lisboa con el Puente 25 de abril de fondo

Ciudad con magia, ciudad que enamora, ciudad que marca. Todo esto y mucho más es Lisboa. Para todos aquellos que han realizado viajes a Lisboa saben a qué me refiero. Porque por mucho que se intente hablar de la capital lusa no seríamos justos con ella, ya que es un lugar difícil de describir pero tan fácil de sentir y hacerla tuya.

Se trata de una ciudad marítima. El mar y el río Tajo configuran la forma de entender la vida lisboeta. Porque Lisboa tiene en su puerto uno de los puntos económicos y sociales más importantes. Desde le época colonial fue uno de los más importantes del mundo y hoy sigue teniendo una importancia capital en cuanto al transporte marítimo europeo.

El Tajo es el escenario de algunos de los edificios lisboetas más pintorescos e importantes. Por ejemplo, el espectacular Puente 25 de abril. Se trata del puente colgante más largo de toda Europa con más de 2.200 metros de longitud y que está el suelo a más de 70 metros de altura respecto al río. Una gran oportunidad para tener una de las mejores vistas de la ciudad es precisamente desde este puente.

Aunque si lo que pretendes es de tener las mejores vistas de Lisboa mejor visita el mirador de Santa Lucía. Se trata de una pequeña plaza situada justo al lado de la Iglesia de Santa Lucía y que nos permite tener una amplia vista de la ciudad con los tejados de la Alfama, el río Tajo y el puerto. Y para completar las mejores posibilidades de ver la ciudad en diferentes puntos, podemos subir al ascensor de Santa Justa que te elevará a 32 metros por encima del nivel dela calle y que nos ofrece una posibilidad de disfrutar de un delicioso café deleitándote con sus magníficas vistas de los barrios de Rossio y de la Baixa.

No me canso de visitar la Torre de Belem, siempre dispuesta a afrontar las inclemencias del tiempo observando el mar. Se construyó en 1519 con una doble función: primero para proteger al monasterio de los Jerónimos y, por otra parte, actuaba como faro. Lo más curioso es que en su origen estaba situado en medio del río Tajo, pero que con el movimiento que sufrió el río a causa del terremoto que cambió para siempre Lisboa. Su estética es ecléctica: un estilo románico-gótico y con preciosista decoraciones al estilo veneciano.

Fotografía: proteusbcn

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