Problemas más habituales de las economías domésticas

No paramos de hablar de las mejoras en la economía, pero las familias no lo notan, y es por eso que hoy en A Fin de Mes analizamos los principales problemas que enfrentamos

economia domestica

Ciertamente, hace mucho tiempo que los que hacen leyes no escuchan al ciudadano de a pie. No es nuevo. Y no vamos a hablar de política. Sino de las sensaciones que las familias españoles tienen al llegar final de mes. Todo ha subido. Muchos dicen que por el euro. Otros que porque nos hemos puesto a la altura de Europa. Y otros hablan de un mal llamado especulación. En realidad, ninguno tiene la razón. Pero eso no importa. Lo importante aquí, al menos para nosotros, que nos dedicamos a hablar de economía doméstica es saber que problemas en las economías familiares los hay. De hecho, los hay a cientos. Y en lugar de hacerlos ser el tema central de las reformas, los están ignorando. El ciudadano al final se siente desprotegido.

Por ello, porque parece que el silencio reina en un momento en el que el IBEX va bien, y en el que las grandes empresas ya generan beneficios, o nuestra prima de riesgo está en mínimos históricos, hoy hablamos de economía, pero de los problemas más habituales en las economías domésticas. Porque aunque no lo parezca, son primordiales, y alguien debería prestarle más atención de la que se les está prestando.

Bajada del nivel adquisitivo: está claro que la bajada de salarios que hemos vivido no ha sido en balde. La disminución de sueldos, y el hecho de que las familias hayan visto como sus miembros se quedan a jornadas reducidas ha hecho que el nivel de vida que tenían, no se pueda seguir manteniendo. Y aunque eso puede parecer fácil de solucionar, lo cierto es que con gastos fijos como hipotecas, es difícil encontrar el punto de equilibrio. Se trata de un problema con difícil solución.

Desempleo: el caso es que si no hay el problema anterior, puede estarse en una situación aún más compleja. La pérdida del trabajo de uno de los miembros principales de la familia, que no de los dos en los peores casos, supone la pérdida total de parte de los ingresos, lo que significa una situación económica aún peor que la descrita en el anterior punto. Un verdadero desastre difícil de sostener y de arreglar, sobre todo si nos quedamos con que la generación de empleos es muy lenta, o nula, depende del sector.

Hijos que vuelven a casa por la falta de oportunidades: pero por si las dos anteriores razones no fuesen ya suficientes para sumar serios problemas a las economías domésticas, los padres deben dar cobijos a los hijos que por un desempleo juvenil del 55% no encuentran trabajo, y por lo tanto, no tienen fórmula de subsistencia. Es triste, pero aunque el refrán diga que dónde comen dos, comen tres; lo cierto es que no es así, y menos aún si ahora consideramos que los dos tienen menos ingresos. ¿La conclusión? Bajada general del consumo de la unidad familiar.

Escasas perspectivas de futuro: el problema no es que esto sea una mala racha. Nos lo han contado tantas veces que nos hemos hartado de creerlo. Y vemos como ni el presente es bueno, ni lo que viene será mejor. Es un tema que preocupa, y que preocupa mucho, pero que de momento, parece quedarse ahí, porque nadie pretende resolverlo. Muchos ya le han encontrado una de las pocas soluciones posibles. Buscarse el futuro en otro lado, con la maleta a cuestas.

Más impuestos y menos servicios gratuitos: Y si ya a la reducción de los ingresos, al paro, y a atender a los hijos le sumamos el hecho de que pagamos más y nos dan menos, entonces los problemas más habituales de las economías domésticas se convierten en una gigantesca bola sin rumbo que hace que peligre todo el sistema. No compramos. Se genera más desempleo. Y además, estamos peor atendidos, porque el Estado se ha cargado buena parte de las medidas sociales. Es decir, en resumen vivimos mucho peor.

La realidad es que las economías domésticas están mal. Y parece que nadie quiere verlo. A veces, no hablar de la realidad puede que haga que la gente se olvide de ella. El problema es que en este caso, la realidad es tan palpable que si nadie le busca la solución a todos esos problemas a los que nos tenemos que enfrentar día a día, esto puede acabar muy mal. De hecho, una generación completa está a punto de perderse. Otra de no tener asegurada la jubilación. Y la última, la de los niños a día de hoy de ver cómo quizás no conocerán lo que es el sistema público en todos los sentidos.

Imagen: Fotos GOVBA

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