Contrato único: trabajos precarios y pérdida de derechos

Las exigencias de más reformas y recortes a España en temas de empleo choca con el panorama social que se vive en nuestro país dónde tener trabajo y no poder vivir de él es ya una tendencia en alza.

trabajo

La reforma laboral ha sido una de las normas más duras a las que nos hemos enfrentado los españoles. Ya a nadie le cabe duda que su implementación no ha servido para nada más que para generar más despidos, y más baratos. La flexibilización del mercado laboral de la que tanto se habla, en la práctica, no ha sido más que una reducción generalizada de los contratos a tiempo parcial, y de nuevas contrataciones mucho más precarias. De hecho, las organizaciones internacionales alertan de que en España hay mucha gente que tiene trabajo y que aún con él no puede sobrevivir.

Sin embargo, las presiones externas sobre nuestro país no cesan. Hay todavía quién en Europa pide más a España. Y pese a que el hilo está tenso ya, la OCDE ha dicho que lo mejor que podríamos hacer es implementar el contrato único para conseguir que la reforma laboral surta efecto. Aunque puede que a muchos no les parezca una mala idea eso de eliminar la burocracia, que es bajo el manto por el que se vende, la realidad es que hacer semejante cambio en nuestra norma laboral significaría mucho más que deshacerse de la burocracia. De hecho, implicaría prácticamente perder casi todos los derechos del trabajo.

Un contrato único como el que se plantea también se defiende con argumentos de igualdad. Aunque sean falaces. La igualdad que persigue quién lo mantiene es una igualdad por la base, es decir, quitar a los que han conseguido tras luchas sociales derechos, para equipararlos a los colectivos que no los tienen. En lugar de hacerlo al revés, que debería ser lo lógico en una sociedad del bienestar común.

Como autónoma, tengo que reconocerme dentro de uno de los colectivos que más difícil lo tenemos a día de hoy. Con escasos derechos y sobre todo con una fiscalidad de las más agresivas, cuando tenemos que hacerlo todo nosotros mismos. Sin embargo, ni se me ocurre pensar que el principio de igualdad sea que los trabajadores actuales con mejores condiciones a las mías, acaben perdiendo derechos para que todos seamos iguales. Más bien, la idea sería al revés, que los que tenemos menos derechos acabemos conquistándolos. Pero en un mundo al revés como en el que vivimos en esta España de la crisis, parece que cualquier razonamiento es válido. Incluso los más absurdos como los argumentos de este contrato único.

Vía: El País

Imagen:  Fora do Eixo

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