Precios psicológicos: 5 estrategias que se usan para que compres más

Se utilizan 5 estrategias de precios psicológicos para que compres más. Se usan precios redondeados, precios con números impares acabados en 7 o 9 para engañar al cerebro, precios habituales que no se tocan, precios relativos en comparación con la competencia y precios de prestigio en marcas de alta calidad

Precios psicológicos

Hay multitud de estrategias de marketing que pueden hacer que compres más productos. Eso incluye el embalaje, las campañas de publicidad, el logotipo, el eslogan o la imagen de marca del producto, entre muchas otras.

Eso sí, todavía hay estrategias clásicas que se usan para vender más, siendo la más popular la de los precios psicológicos. Esta estrategia aún se utiliza hoy en día, ya que es más efectiva de lo que parece. Hoy conoceremos todas las formas que utilizan las tiendas para modificar los precios y hacerte comprar más.

Las 5 estrategias usadas para que te gastes más dinero

Los precios psicológicos buscan directamente la respuesta emocional del cliente, con el fin de conseguir aumentar las ventas. En realidad, la mayoría de las estrategias marcan la diferencia, aunque sea de forma inconsciente, aunque no todas ellas son iguales.

De hecho, las empresas pueden usar 5 estrategias de precios psicológicos que dependerán el producto, algunas de ellas muy diferentes entre sí. Vamos a conocerlas un poco más a fondo.

Precios redondeados

Muchas veces, vemos productos a un precio exacto, como por ejemplo un euro o dos euros, sin ningún decimal. Es muy común verlo en productos como bolsas de patatas o en refrescos.

Eso se hace para engañar al cerebro y hacerle creer que la compra es totalmente racional. Por algo se coloca en productos que suelen ser un capricho que no se necesita, donde hace falta hacer creer a la mente que es una compra meditada y necesaria.

Los precios con decimales y números impares

En otros productos, se usa justamente la estrategia contraria. Se utilizan precios con decimales acabados en números impares, acabados en 5, 9 o incluso en 7 (el precio acabado en 7 muy común en los productos digitales o en los cursos).

Esta estrategia se aprovecha de la percepción cerebral de los precios, haciéndole creer que es más barato al leer de izquierda a derecha. Por ejemplo, si leemos 99,99 euros, nos parecerá más barato que si leemos 100 euros, ya que tiene 1 cifra menos.

Además, al existir números impares, será más llamativo y nos hará creer que está de oferta. Tiene mucho más efecto vender algo a 997 euros que venderlo a 1000, ya que es más llamativo y tiene una cifra menos.

Los precios que no varían

¿No has notado que algunos productos no suben de precio? Eso es porque son precios muy habituales que no nos gustaría ver cambiando. Si se sube el precio, el consumidor podría no volver a comprarlo al no fiarse, así que no se toca.

Para mantener los beneficios en caso de inflación, se utilizan estrategias como la reduflación, vendiendo el mismo producto, pero recortando tamaño o cantidad. Eso incluye menos páginas en el periódico o vender un producto alimentario ligeramente más pequeño. Para la gente, es más complicado darse cuenta de una disminución del tamaño que de un aumento del precio.

Precios relativos con la competencia

El mercado es muy grande y hay muy pocos monopolios. Por este motivo, todos los precios son relativos, según el precio establecido por la competencia.

Algunas compañías utilizan esta estrategia para vender los productos que quieren de forma fácil, comparando productos de lujo con otros para que parezcan muy baratos.

Por ejemplo, un teléfono de gama media de 300 euros parece realmente barato al lado de un iPhone de más de 1000 euros, pero parecerá caro al lado de un teléfono lowcost de 100 euros. De este modo, se colocará junto a los productos de lujo si se quiere vender.

Los precios de prestigio

Algunas compañías ponen precios elevados totalmente a propósito, aunque el coste de fabricación sea más bajo. Eso se hace porque el cliente percibe los productos caros como de mayor calidad, especialmente si se tiene una imagen de marca potente.

Se utiliza para consumidores con poder adquisitivo que buscan estatus social, siendo el mejor ejemplo el iPhone y otros productos de Apple. Eso sí, también lo podemos encontrar en productos alimentarios, como los refrescos o incluso las patatas fritas, donde las marcas punteras podrían cobrar más caro para sentir que estás pagando por algo de calidad.

Eso sí, para que esta estrategia funciona, las empresas deben tener una buena imagen de marca y ofrecer algún elemento diferenciador. Subir los precios sin más no suele funcionar del todo bien.

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