La mitad del sueldo de los jóvenes se va en la hipoteca o alquiler

La actual generación de jóvenes tiene que lidiar con el alto desempleo y con el escaso futuro que les promete España. Pero quienes tienen trabajo, destinan la mitad del sueldo a la hipoteca o al alquiler.

precio alquiler

España no es país para jóvenes. De eso no es la primera vez que hablamos. Y basta darse un paseo por la prensa nacional para darse cuenta de ello. Lo cierto es que a las nuevas generaciones no les queda más remedio que conformarse, o intentar buscarse la vida fuera de nuestro país. La alta tasa de desempleo es lo que más preocupa a la hora de echar las cuentas pendientes y de organizar un futuro. De hecho, hay que recordar que España ocupa los primeros puestos en el mundo en cuanto a desempleo juvenil, ya que supera el 50%. Eso significa que uno de cada dos jóvenes que pueden y quieren trabajar, no tienen trabajo. Y las opciones para conseguirlo son muy limitadas.

Pero los que tienen la suerte de tenerlo, no pueden presumir de una mejor situación. Primero ya porque en España hablamos de una suerte como si tener trabajo se tratase de una cuestión que tiene que ver con la lotería, y no con un derecho. Segundo, porque los salarios bajan y bajan, mientras que el nivel de vida no lo hace al mismo ritmo. Actualmente, los contratos son realmente precarios, y en muchos casos no alcanzan la jornada laboral completa, ni tampoco dan para vivir. Son simplemente lo que en otros tiempos llamábamos una entrada extra.

Si nos fijamos en la situación de aquellos que tienen un trabajo, y que éste más o menos está bien remunerado y es a jornada completa, volvemos a llevarnos un batacazo. La mayoría de los jóvenes utilizan nada menos que la mitad de ese sueldo para pagar la hipoteca o el alquiler. Eso supone que el poder adquisitivo de esa generación, una vez descontados los gastos mínimos para poder vivir, se ha limitado a prácticamente cero. Y con un nivel adquisitivo para bienes no necesarios para la vida, el consumo se desploma. Y ésa es precisamente la situación que estamos viviendo actualmente.

Caída del precio de la vivienda, caída del precio del trabajo

Hemos comentado en varias ocasiones en nuestros artículos de actualidad que el precio de la vivienda, tanto en el apartado de la compra, como en lo referente al alquiler, ha caído. Eso debería haber significado que el peso de poder independizarse fuese más asequible. Sería lo lógico. El problema es que esa situación de bajada de los costes de alquiler e hipoteca se ha producido en un momento en el que la reforma laboral ha conseguido bajar los sueldos a mínimos históricos. Y por lo tanto, en lugar de beneficiarnos, nos ha todavía perjudicado más. Si cobramos menos, y pagamos menos alquiler, pero la bajada de ambos no es proporcional, tenemos menos liquidez.

Por si esto ya no fuera poco, no es fácil encontrar pisos en el caso de los jóvenes. Muchos propietarios que se vieron obligados a colocar sus viviendas en el mercado exigen grandes requisitos a los nuevos inquilinos. Lo hacen de tal manera que los jóvenes, con sus contratos, son incapaces de cumplir. Así que tenemos el problema de lo que cuestan por lo que ganamos, y también el problema añadido de encontrar un lugar en el que vivir.

Un futuro nada certero

Cada día que pasa vemos como todas aquellas expectativas que debía tener la juventud mejor formada de la historia de España, la mejor generación, como decían algunos, se van al traste. Vamos a ser, y no lo digo yo sino todos los especialistas en diversas materias, la primera generación actual que vive peor que sus padres. Somos los que vamos a tener que decir adiós al estado del Bienestar, y eso no significa únicamente el concepto al que los políticos hacen referencia. Nos referimos también al hecho de que hay que bajar expectativas respecto a lo que se aspira. Las cosas no están para más. Eso, o decidirse a emprender con todos los riesgos que ello supone, o hacer la maleta y buscarse un futuro mejor en alguno de esos otros países en los que todavía se premia el esfuerzo por encima de las demás cosas.

No son buenos tiempos para nosotros. Pero está claro que no podemos ponernos en una actitud pesimista. Quizás toque conformarse con quedarnos solo con la mitad del sueldo tras pagar la hipoteca. Quizás tengamos que pensar en un futuro en otro lugar. Pero lo que no podemos hacer, pase lo que pase, es quedarnos cruzados de brazos.

Imagen: daniel julià lundgren

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