Emprender en Japón: una tarea tan ardua como la de criar a un hijo

Las empresas japonesas son muy distintas a las europeas en su concepción del tiempo. Para todos vale oro, pero los nipones tienen un punto de vista del crecimiento empresarial similar al de una familia.

japon

En España está muy de moda hablar de emprendedores, aunque en realidad a estos no se le ofrezcan tantas facilidades como la publicidad y la propaganda política den la impresión de dar. Sin embargo, emprender en nuestro país y en el continente europeo no es una cosa nueva, como no lo es tampoco en otros lugares del mundo. Sin embargo, sí que es cierto que la cultura puede cambiar mucho la visión de las cosas y la manera de llevar a cabo los negocios. En este caso, queremos poner en evidencia, de un modo curioso a la vez que práctico las diferencias que suponen montar una empresa en un país europeo y hacerlo en Japón.

Puede parecer que un país como Japón en el que la cultura es muy distinta a la nuestra, pero cuyo nivel de vida es realmente alto y su especialización tecnológica le hace destacar frente a muchas otras naciones, la visión de la empresa no dista mucho de la europea. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. Si bien el tiempo es oro para cualquier empresario, esa inversión en el preciado metal que será luego el activo empresarial no se toma de la misma manera ni con igual filosofía. Si te apetece conocer este tema tan curioso, te lo contamos todo a continuación de una forma muy amena ¡Prometo que no te vas a aburrir!

El tiempo es oro

Para los emprendedores, su tiempo es su activo más preciado a invertir en la empresa. Aunque evidentemente ninguna empresa se puede crear sin capital, sin tiempo y una clara visión de objetivos tampoco. Tanto japoneses como europeos valoran el tiempo que dedican a sus actividades, pero otra cosa es lo pacientes que resultan unos y otros a la hora de esperar los resultados. Aunque no hay una norma que se pueda colocar sobre la mesa para decir que siempre se cumplirá y dependiendo del sector puede haber grandes excepciones, de media en Europa, se calculan unos 5 años para hacer rentable una empresa. Si no se consigue, es casi preferible dedicarse a otra cosa. Con matices, por supuesto. Habrá cientos de casos de empresarios que lograron el éxito mucho antes, y otros que han tenido que esperar un poco más confiando en que al final del trayecto todo saldría como la seda.

Sin embargo, aquí está la primera diferencia con la manera de entender a la empresa desde el mundo nipón. Para ellos, las empresas se transmiten de generación en generación, y esto es un objetivo inherente a la creación de la compañía. Precisamente porque vendrán nuevas generaciones que tomen el relevo de lo que se ha hecho, la visión del tiempo en su cultura es mucho más extensa. Así, un japonés, no pretende que su empresa le de beneficios en 5 años. De hecho, para ellos, la empresa es como un niño, y un niño de cinco años no es realmente autónomo. Por lo tanto, no esperan de su empresa que lo sea. Además, en caso de que las estrategias hayan resultado tan buenas que se den los primeros beneficios, como hay que seguir cuidando del pequeño para que crezca, se re-invierten, casi por norma general en su totalidad. La empresa ha de continuar con esta tesis hasta los 15 años, que se supone que es cuando ha alcanzado la adolescencia. A partir de esta fecha, un emprendedor japonés comienza a «exigirle» a su creación, aunque no demasiado hasta que se alcanzan los 20 años. A partir de entonces, es cuando los beneficios llegan, y lo hacen por norma general de una manera muy estable y consolidada, ya que se ha crecido y madurado durante dos décadas.

El nipón: un modelo distinto

Esa manera de hacer las cosas, la calma que caracteriza a la cultura asiática, y también en parte su devoción por el trabajo y los avances tecnológicos de los que disfrutan hacen que sus compañías estén entre las más importantes del mundo y que el modelo de negocios japonés se estudie en casi todas las facultades de negocios y las relacionadas con temas empresariales. Sin lugar a dudas es un modelo muy diferente al europeo, y aunque se persigue el mismo fin, se hace de diferentes maneras y con distintos resultados. Eso sí, si tengo que ser sincera, quizás enfrascada en mi mentalidad europea, a mí particularmente se me haría insostenible intentar levantas un proyecto del que no esperar nada durante 20 años. Aunque también es cierto que en ese sentido, el apego familiar y la filosofía de ayuda al prójimo ayudan bastante a configurar ese modelo nipón que para ellos es prácticamente la mejor manera de hacer negocios. ¿Qué te parece lo que te hemos contado?

Imagen: halfrain

Vía: En Naranja

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