Desempleados de larga duración desanimados desaparecen de las listas del paro

Aunque nos quieren hacer creer otra realidad, lo cierto es que no son pocos los desempleados de larga duración desanimados desaparecen de las listas del paro.

desanimo

He ya escuchado varias opiniones en los más diversos medios de comunicación sobre el tema. Y me da la impresión de que el enfoque de algunos sigue siendo el de intentar echarle la culpa a quién no la tiene. La gran mayoría de los españoles, siendo francos, no trabaja porque trabajo no hay. La última encuesta del INE revela que solo las grandes empresas, las que tienen más de 250 empleados están empezando a generar puestos de trabajo, mientras pymes, autónomos y microempresas se mantienen en pérdidas reales de trabajo. O sea, que no estamos avanzando. Pero el problema es que en ese no avance, hay mucha gente que ya ha perdido la esperanza. Y sobre ella dicen que es lo último que se pierde.

Los desempleados de larga duración con más de tres años sin encontrar trabajo aumentan respecto al año pasado. Y no lo hacen en un porcentaje que pudiésemos calificar de algún modo como asumible, sino que lo hacen en un 22,5%. De hecho, parece como si ya supiesen que hagan lo que hagan no habrá trabajo para ellos. Esto es realmente grave. Ya no solo por la situación familiar y personal a la que se relega a estas personas, sino al hecho de que podríamos estar generando problemas futuros, con jubilaciones que no podrán ser. Además, cabe recordar que las estrictas normas para ayudas al desempleo reducen considerablemente el número de desempleados con acceso a ellas, con lo que hablamos de muchos miles de personas que viven con cero euros al mes.

Está claro que el desempleo es un gran problema en España, y está claro que los avisos de que no se está actuando como se debería llegan ya de muchos lados. Pero lo que es peor es precisamente el hecho de no querer ver más allá de la nariz. El poco empleo que generamos, al menos según la última estadística de parados de la que estamos hablando hoy, parece ser realmente precario. Cada vez son más los subordinados, es decir, los que no tienen puestos de mando y por lo tanto cobran bastante menos. Y crecen ligeramente los que trabajan por cuenta propia. Al no haber trabajo, todavía hay quién tiene la esperanza de poder trabajar para sí mismo. Los demás, parecen haber perdido la fe. Por llamarle de alguna manera. Desde luego, no hay derecho a lo que está ocurriendo.

Imagen: Lucas Lucas

Vía: El Economista

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