¿Cómo engañan a nuestro cerebro para decirnos que lo más caro es mejor?

Hay productos que por su alto coste se compran pensando que se apuesta por la calidad. Analizamos cómo las marcas te engañan para enviarte esa señal.

lujo

Seguramente en muchos casos habrás hecho compras razonando sobre su precio. Entre una serie de productos de diferentes costes, pero de la misma categoría, echamos las cuentas y siempre pensamos que el que cuesta más, debería ser el mejor. Quizás no siempre compramos el más costoso, pero la elección la hacemos pensando en esa teoría. Una teoría que no siempre se ha demostrado certera, y para ejemplo de ello el último estudio de la OCU en el que la crema antiarrugas del LIDL, con un segmento de precios de los más bajos del mercado, se posicionó como la mejor.

Sin embargo, aunque pese a todas esas pruebas que salen al mercado estén ahí, seguimos creyendo que si algo cuesta más es porque tiene mayor valor. Así que precisamente hoy en A Fin de Mes queremos hacer un análisis de cómo las marcas logran el objetivo final de poder convencernos de todo lo contrario. La verdad es que son técnicas de marketing complejas a las cuales no siempre se le presta la atención necesaria, pero que resultan muy curiosas a la hora de entender cómo nos están afectando en nuestras vidas. Así que, si tienes curiosidad, espera a ver todo lo que te contamos a continuación.

Puede que seas de los que tienen este estereotipo de lo más superado, y que incluso te enganches a aquellos productos que en realidad no acaban de ser lo mismo, pero que sustituyen a los más caros. Sin embargo, eso no significa que no te intenten dar esa imagen en prácticamente todo momento, y que en la mayor parte de los casos lo consigan. De hecho, hay sectores en los que las cosas comienzan a cambiar, pero en otros, la tendencia sigue en alza, y los consumidores no acaban de darse cuenta de que en realidad no están pagando de más por mayor calidad, sino por un producto que en realidad nos están vendiendo a través de técnicas de marketing.

Precio más alto, más oxígeno en el cerebro

Ciertos estudios asumen que cuando una marca tiene un precio más alto, o un producto sube de precio, nuestro cerebro tiene más estímulos y llega un mayor nivel de presión sanguínea a éste. Eso hace que nos interese más. Aunque luego el factor determinante para comprar o no comprar, sea efectivamente el poder adquisitivo que tengamos.

Sin embargo, no solamente nuestro cerebro es el que recibe estímulos, nuestros sentidos también pueden confundirnos a la hora de apreciar un producto de mayor valor. Por ejemplo, ante una cata de vinos de estudio, si los usuarios conocen o creen conocer el precio de los caldos, aseguran notar mejores notas o aromas en los más caros, aunque realmente no los tengan. El precio, o el hecho de conocer el precio del vino incrementa los estímulos que obtenemos de éste, aunque en realidad, los precios no fueran exactos. Así, sin probar, el precio añade características que el producto no puede tener y que solo están en nuestra imaginación.

No solamente en el mundo del vino y de las marcas de lujo vemos utilizar estas estrategias. De hecho, los eslóganes de marcas intermedias, que buscan hacerse un hueco con las low cost en un segmento de la población que podría ser consumidor de ambas, apuestan por esa idea de obtienes aquello por lo que pagas. Por lo tanto, si pagas poco, obtendrás baja calidad. En cambio, si pagas mucho, puede que te sorprendas con la alta calidad de lo que obtienes.

Marcas blancas: la gran excepción

Las marcas blancas en el supermercado se han convertido sin embargo en la gran excepción a todas las reglas. De hecho, en la actualidad vemos como muchas de ellas son las reinas del mercado, y que en realidad no pueden suponernos compentencia con las líderes, sobre todo en el caso de que sean esas mismas las que fabrican las marcas del súper que no llevan la identificación oficial, pero que saben exactamente igual. Quizás ese proceso de adaptación es el que más preocupa a quiénes lideran el mercado, porque será difícil, que una vez superada la crisis, y tras superar ese marketing de lo bueno es siempre caro, se vuelva a consumirlas como en el pasado.

Está claro que las técnicas de marketing se vuelven cada vez más agresivas, pero también es cierto que los consumidores somos cada vez más inteligentes. Y en ese panorama, cuando la crisis pase, y las familias recuperen su poder adquisitivo, quizás el mercado haya cambiado para siempre. Aunque ciertos sectores siempre se quedarán con esa tesis, al menos, lo harán todavía durante unos cuantos años.

Imagen: Diego Cambiaso

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