¿Cómo ahorrar en la factura de la luz? ¡Apunta estos tres pasos!

El precio de la luz sube como la espuma, pero puedes ahorrar en tu factura si analizas las condiciones de tu contrato y te pones en contacto con la compañía subministradora

Luz más barata a tu alcance

Con las sorprendentes e inesperadas subidas de la luz, muchos se han puesto un poco en guardia con respecto a la cuantía de su factura y se preguntan si hay alguna forma de rebajarla.

Está en tu mano conseguirlo, basta con conocer qué tipo de tarifa tienes contratada y cual es su potencia. Qué empresa o comercializadora es la responsable de su suministro y si te conviene mantenerla o cambiarte a otra. Esto último puede que no sea tarea fácil, pero vamos a intentarlo.

Las tarifas de la luz

A partir del 1 de julio de 2009, las tarifas aplicables para la electricidad son las siguientes:

Si tu potencia contratada es inferior a 10 kW, tienes dos opciones, acogerte a la tarifa voluntaria para el pequeño consumidor o ir al mercado libre, a través de una compañía comercializadora de último recurso para el suministro de energía. Que puede ser tarifa 2.0A, contratando el suministro de energía con una empresa comercializadora, a un precio libremente fijado por ésta. O la tarifa 2.0DHA que es una variante de la anterior con discriminación horaria (DH).

Los consumidores con potencia contratada superior a 10 kW tienen obligación de ir al mercado libre. Optando por la tarifa 2.1A para potencias entre 10 y 15 kW y su variante de discriminación horaria la tarifa 2.1DHA.

Para potencias de más de 15 kW de baja tensión, la tarifa 3.0A, con tres períodos horarios: punta, cuatro horas/día, llano, doce horas/día y valle, ocho horas/día.

Los consumidores acogidos a las tarifas con discriminación horaria que dispongan del equipo de medida, podrán aplicar un complemento por discriminación horaria que diferencia dos periodos al día con un precio diferente para los consumos en las horas del día (punta) y las horas de la noche (valle).

Si formas parte del grupo de consumidores con derecho al bono social, la tarifa ofrece un descuento del 25% sobre el precio voluntario al pequeño consumidor.

Todas las tarifas reguladas, denominada PVPC, acaban siendo más baratas. Para saber si estás dentro de este tipo de tarifa, o por el contrario te encuentras en mercado libre, debes mirar en la esquina izquierda superior de tu factura. En ese lugar se indica quién es el suministrador. Si pone “comercializador de referencia”, significa que estás en la tarifa PVPC. Si por el contrario pone el nombre de una compañía eléctrica (o de gas), significa que estás en mercado libre.

Las compañías, si estás en mercado libre, como su propio nombre indica, son libres para fijarte el precio, al contrario de lo que ocurre con la tarifa regulada. Eso, sí, pueden compensarte ofreciéndote otros servicios (mantenimiento, reparaciones, etc.) que no pueden ofertar dentro del mercado regulado, pero este, a medio plazo, siempre es más barato.

Un, dos, tres, ahorro asegurado

Muchas compañías dicen que te ofrecen un precio fijo, pero eso no significa que te estén aplicando la tarifa regulada. Las compañías intentarán convencerte con diversos argumentos para que no regreses a la tarifa voluntaria para el pequeño consumidor, pero este es el primer paso en el ahorro de tu factura.

En el lugar donde aparece “Tarifa de acceso” te indicará tu tipo de tarifa: 2.0A, que quiere decir que no tienes tarifa con discriminación horaria, o 2.0DHA, que quiere decir que dispones de la discriminación horaria. Y, así, descubres el segundo paso a dar con vistas al ahorro, cambiar a una tarifa de discriminación horaria, para pagar distinto precio en función de la hora en la que se consume.

Y el tercer paso consiste en fijarte en la potencia contratada, que es la capacidad eléctrica que tienes en tu casa para poder activar diferentes dispositivos al mismo tiempo. Para identificar tu potencia, debes ir a la parte de la factura donde aparece el término “Potencia contratada”.

Cuanto menor sea esta potencia, menor gasto, pero tampoco se puede reducir drásticamente, ya que cualquier pico de consumo implicará que salten los plomos. Una vivienda con una lavadora, una placa de cocina, un horno, un refrigerador y algunos otros electrodomésticos menores, difícilmente necesitará más de 10 kW, y suele ser suficiente con 4.6 kW.

Y, ahora, llega el momento más emocionante, porque para poder hacer efectivos estos tres pasos hay que dar un salto en al vacío, el de la llamada telefónica a la compañía suministradora correspondiente. Te puede suceder de todo, que no te cojan, que te cobren por la llamada, que te tengan media hora esperando, que te cobren por los cambios (que no deberían hacerlo), y hasta que te atiendan y lo hagan como es debido. Ya sabes: tarifa regulada, discriminación horaria, potencia adecuada, y ¡muuucha paciencia!

Con todo, hay una circunstancia en la que deberías “tentarte la ropa” (acción de considerar despacio las consecuencias que puede tener una determinación o acto). Si tienes contratados de forma conjunta electricidad y gas, y es claramente superior el consumo de gas al de luz, examina las condiciones del contrato, las ofertas que conlleva y el descuento que te aplican; puede que en esos casos compense más dejar las cosas como estén.

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