Ahorra de verdad: Deshazte de tu tarjeta de crédito

Si fuera a ser práctico, empezaría y acabaría este artículo con una sola frase: Coge tu tarjeta de crédito y córtala por la mitad.

Ahora, bien sabemos todos que las cosas no son tan fáciles, y menos en tiempos de crisis, y que muchos ya nos encontramos dentro de la maligna rueda que incorporan de forma pasiva estos artilugios del demonio, las tarjetas de crédito.

Para los que nunca se han parado a pensar en el funcionamiento de estos asuntos, es bien sencillo. Todo se basa en la idea de gastar dinero que no tienes. En un momento dado, has querido comprar un televisor de plasma, o no te ha llegado para cubrir los gastos de los libros escolares, y antes que recurrir a soluciones más baratas pero embarazosas, como pedir el dinero prestado a un amigo o familiar, has sucumbido a la batería de promesas que todo banco tiene preparada cuando se trata de vender el producto.

Y bueno, lo más normal es que una vez empiezas a usarla, no encuentres manera humana de parar sin afrontar un gasto realmente grande. Usas la tarjeta de crédito para cubrir el gasto, y debes cubrir la tarjeta el día uno del siguiente mes, lo que te lleva a tener que usarla otra vez a finales del siguiente mes, y así una y otra vez. Evidentemente existen otras formas de cubrir el gasto que resultan más cómodas para el bolsillo y más en épocas de crisis, pero veremos como a fin de cuentas supone la peor de las opciones.

Seguramente no os estoy contando nada que no sepáis, pero mi idea hoy era incitar reflexión. Así pues, os pongo un ejemplo rápido del precio inicial de un artículo y del importe que terminarás pagando cuando termines de cubrir el gasto de la susodicha tarjeta.

Para verlo en un ejemplo, partimos de la base de que adquieres un artículo de 500 euros y decides pagarlo mediante un pago mínimo mensual del 10% (50 euros). Además, debes tener en cuenta una tasa de interés efectiva mensual del 3%, más el IVA del interés, más los 5 euros en concepto de gastos de gestión que te cobra el banco.

Bajo estos supuestos, se deberán efectuar 14 pagos de 50 euros más uno de 26.91 euros para cancelar la deuda inicial de 500 euros, lo que da un total de 726.91 euros. Esto ocurre, porque al contrario de lo que muchos nos podemos imaginar cuando afirmamos que siempre pagamos lo mismo, de los 50 euros abonados cada mes, 15 son destinados a pagar intereses (3% de 500 euros), el IVA sobre los intereses representa 3,15 euros y otros 5 euros constituyen el cargo de gestión, de modo que la deuda disminuye solamente 26.85 euros, no 50, siendo el nuevo saldo a retornar de 473.15 euros en lugar de 450. Este proceso continúa mes a mes, y por efecto de los gastos, los impuestos y los intereses, en lugar de 10 pagos de 50 euros, deben realizarse los 15 pagos que hemos comentado anteriormente. Así pues, habiendo sido abonado el décimo pago de 50 euros, el saldo de la deuda es aún de 183.11 euros, aunque tu ya hayas pagado 500 euros. A mi no me parece un buen plan.

Evidentemente, si decides pagar más cada mes el importe total a pagar disminuye, y también puedes cancelar la deuda con un solo, pero muchas entidades tienen cargos a aplicar en este caso, obligándote a pagar una “multa” que cubrirá el dinero que ellos esperaban recibir con el pago de los intereses del préstamo.

Como ya hemos comentado, en un mundo ideal deberíamos deshacernos de dichas tarjetas, pero siendo moderados entendemos que no es una mala idea tener alguna por ahí para cubrir gastos inesperados o sorpresas varias, pero sin duda nunca para ser usadas como norma.

Vía Terra y Mecon.

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