Las malas decisiones que provoca la pobreza y cómo evitarlas

La pobreza es capaz de causar malas decisiones, algo que hace que seamos pobres durante más tiempo. Por ejemplo, no tener suficiente para pagar un gasto imprevisto podría llevar al endeudamiento, algo que te mantendrá más pobre

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¿Has notado cómo parece que la gente sin dinero toma malas decisiones? Pues no es casualidad, pues recientes investigaciones indican que la pobreza en sí provoca esas malas decisiones, algo que hace que ese estado de carestía tenga una mayor duración.

Entre otras cosas, se toman malas decisiones por desesperación, como pedir dinero prestado o jugar a la lotería. Antes se creía que estas decisiones eran exclusivas del ambiente de la gente de bajos recursos, pero ahora se ha descubierto que la escasez puede cambiar la personalidad de una persona educada.

La clave es la urgencia

El problema es que la falta de recursos crea una urgencia debido a la presión, algo que hace que nos centremos en los gastos más necesarios. Por ejemplo, si no puedes pagar el alquiler difícilmente te vas a preocupar de tener el coche en buen estado, algo que te dará una mayor preocupación en el pasado. Además, eso hace que busquemos soluciones «mágicas» como la lotería o terminemos endeudados.

Así mismo, la pobreza tiende a tener gastos que parecen contradictorios, como por ejemplo tener un gran coche y no comer por aparentar o tener una gran parabólica en una chabola.

Así mismo, funcionamos en el modo escasez, acabamos teniendo poco dinero para abordar gastos imprevistos. Esto puede hacer que no tengamos suficiente para pagar cosas básicas como la reparación del coche o el seguro de la casa, causándonos más gastos a largo plazo y manteniéndonos en la pobreza.

Un buen ejemplo son los intereses de las tarjetas de crédito, a los cuales los pobres recurren cuando no tienen efectivo, algo que les mantiene sin dinero a largo plazo, haciendo que recurran a más endeudamiento.

Eso sí, por suerte este tipo de decisiones se pueden solucionar con decisiones inteligentes. Es más difícil decirlo que hacerlo, pero lo que tenemos que hacer es pensar a largo plazo y también renunciar al orgullo.

Por ejemplo, una persona pobre podría recurrir a las ayudas del Gobierno, aunque lo considere indigno y vivir por debajo de sus posibilidades. Además, debería renunciar a las soluciones mágicas, como los préstamos y las loterías y apuestas en general.

Se trata de reducir al mínimo los gastos y tratar de tener una vida austera, mientras se prepara para un futuro mejor. Por ejemplo, es más inteligente vivir en un albergue y estudiar un Ciclo Formativo gratuito durante dos años que mantener un trabajo precario y jugar a la lotería mientras te endeudas para pagar un coche.

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