Emprender: ¿Como autónomo o como sociedad?

Intentando potenciar que los españoles emprendan se abren nuevas vías fiscales, aunque dependiendo de la empresa es mejor una cosa que la otra. Hoy hablamos de emprender como autónomo o como sociedad

emprendedor

Cuando hablamos del mundo laboral, a casi todos nos viene cara de tristeza, porque la actual situación de España es bastante desoladora, y en realidad no parece que las cosas vayan a mejorar en el corto espacio de tiempo. Sin embargo, como suele decir el dicho, la esperanza es lo último que se pierde y precisamente en esa línea es que vamos a hablar hoy, porque nos metemos otra vez de lleno en el tema estrella del mundo del trabajo por el que se apuesta desde hace meses: los emprendedores.

Sin duda emprender requiere de muchas cosas, pero sobre todo de ganas. Pero a veces, solo las ganas no son suficientes como para poder iniciar un empleo propio de una gran idea, sino que hay que conocer a fondo las figuras fiscales para que los impuestos no acaben por llevarnos a la ruina antes de empezar y saber de primera mano aquello que es en realidad mejor según el caso concreto. Y de ello hablamos hoy con dos figuras claves; los autónomos y las sociedades.

Emprender: ¿Como autónomo o como sociedad?

En realidad las ventajas que tiene ser autónomo son muchas en cuanto a facilidades de constituirse como tal. El proceso es inmediato y lo que se exige en cuanto a documentación y obligaciones es menor que a la otra figura de sociedad. Sin embargo, el autónomo tiene que hacer frente a más impuestos, o al menos a más carga fiscal. Es más, no se recomienda por casi ningún experto crear una sociedad con una factura de negocio que no alcance los 40.000 anuales en ingresos.

Crear una sociedad, aún a pesar de que la ley actual ha intentado eliminar trabas requiere de tiempo, de papeleo y más que probablemente de asesoramiento. Una vez constituida hay ciertos trámites que mantener en cuanto a la documentación, pero si se supera la cifra de 40.000 euros anuales, ya se notan los beneficios fiscales. Ya que mientras un autónomo hace frente a un IRPF elevado, la sociedad se beneficia de un impuesto de sociedades que no cambia con los ingresos sino que se mantiene fijo y que con las deducciones para las compañías más pequeñas se queda entorno a un 20%, que frente al 27% en el caso de la cifra mencionada para un autónomo hace que se note la diferencia.

Imagen: edans

Vía: 20 minutos

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