Emociones que debes mantener lejos cuando se trata de invertir

Aquí una lista de emociones que debes controlar para ser un buen inversionista.

Si quieres ser un buen inversionista, controla las siguientes emociones

Controlar las emociones a la hora de invertir es un punto fundamental. Dejarse llevar por emociones y sentimientos terminará entorpeciendo la inversión que se haya hecho.

Las inversiones sobre la base de ciertas emociones no es un buen inicio. Al menos así ha sido demostrado por el sistema de economía conductual presentado por los ganadores del premio nobel de economía Richard Thaler y Daniel Kahaneman.

Invertir a raíz de sesgos cognitivos condicionará las gestiones futuras, lo que traerá efectos directos sobre la rentabilidad, las ganancias y las próximas inversiones.

La felicidad es tu aliada

Richard Thaler y Daniel Kahaneman determinaron que el estado de ánimo influye significativamente en la inversión. Cuando una persona está feliz tiende a ver todo positivo y comienza a dejar pasar algunos detalles de la inversión.

Desde un punto de vista económico, el optimismo en las personas las lleva a valorar sus inversiones a un nivel elevado. Esto se traduce como un aumento en la bolsa o compra de más acciones.

Invertir con seguridad y entusiasmo es uno de los factores más importantes al momento de crecer económicamente. En estos casos, el valor de la bolsa comienza a subir al aumentar la demanda.

La tristeza no es una opción

Si bien desde un punto de vista psicológico y social la tristeza y la depresión no son buenos aliados para el desarrollo de las habilidades y capacidades facultativas de una persona, menos lo es para la economía.

Una publicación emitida por el Journal of Financial Economics en 1980, realizada por Stock Returns and The Weather Effect, demostró que las caídas de la bolsa en ese entonces se debieron principalmente a la depresión ciudadana.

La misma investigación reveló que durante las épocas de invierno el ánimo de los ciudadanos comienza a descender gradualmente. Esto se debe a la poca existencia de luz solar y a sus efectos.

Estas circunstancias son las principales desencadenantes de aversiones  al riesgo y, desde un poco de vista económico, es la impresión o actitud que define el perfil y la capacidad del inversor.

Adicionalmente, se realizaron ciertos experimentos que ayudarán a determinar la variable del comportamiento humano durante estas etapas. Los resultados indicaron que, ante la presencia de la tristeza las personas, tienden a pagar más por un mismo artículo para “aumentar” su estado anímico.

El temor en el inversor

El miedo a la hora de invertir el dinero es quizás uno de los impedimentos principales que dificulta, retrasa o fracciona la inversión. Se debe a la incapacidad de decidir en qué, en cómo y cuándo se invertirá el capital.

Ser precavidos a la hora de invertir no es una mala idea. Sin embargo, ser cautos en exceso terminará impidiendo la toma de decisiones relacionadas al dinero y a la inversión.

Se estima que el sentimiento por pérdida de capital a la hora de una inversión determinada es mayor al placer obtenido al alcanzar la misma cifra, incluso, mayor que superándola.

Invertir sin razón, estar aburridos

En este punto se discute aquellas inversiones fugaces a causa del aburrimiento. Debido a que estas son realizadas de manera arriesgada para sobrellevar la apatía y la monotonía del momento.

En este estado, se deja de calcular el valor real y los beneficios de ciertas decisiones (inversiones o compras). Por consiguiente, las consecuencias para los ahorros suele ser nefasta. El aburrimiento incita a gastar más con el fin de divertir.

Sentimiento de culpa

Es quizás uno de los estados más complejos tratados desde un punto de vista económico. Sentirse culpable terminará jugando una mala pasada. Este sentimiento es el responsable de gastar más de la cuenta para reducirlo. Sin embargo, termina aumentándolo.

Dejarse llevar por este impulso es posible que acarree efectos negativos a largo plazo. Lo recomendable es evaluar nuestra capacidad económica para planificar los gastos futuros. De este modo, se evitará sentir culpa al gastar el dinero.

La envidia es un problema

La envidia es quizás una de las causas principales que llevará al inversor a tomar malas decisiones al gestionar su capital.  Esto se debe a un elemento básico, querer lo que otros consiguieron.

Que otras personas posean bienes o riquezas distintas a las nuestra no debe ser un problema. Vivir al ritmo de otros nos hará tener grandes pérdidas monetarias, especialmente si el capital está medido. Esto generará insatisfacción en nuestras actitudes.

La codicia y el dinero

Al igual que el punto anterior, dejarnos manejar por la codicia terminará desbancando nuestro capital. La codicia es una de las principales causas que ha empujado a los inversores a perder dinero.

Invertir sin conocer las variables de la bolsa y el comportamiento del mercado para aumentar el capital rápidamente terminará reduciéndolo peligrosamente.

Es por ello que a estos sentimientos se les denomina los siete pecados capitales, los cuales terminan consumiendo el dinero.  Invertir si conocer las variables de la bolsa y el comportamiento del mercado para aumentar el capital rápidamente terminarán reduciéndolo peligrosamente.

Finalmente, ¿sabías que los puntos mencionados hace un momento corresponden a los denominados pecados capitales?

  1. La felicidad
  2. La tristeza
  3. El temor
  4. El aburrimiento
  5. La culpa
  6. La envidia
  7. La codicia
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