Cosas en las que ahorrar regateando y que no sabías podrías conseguir con descuento

Aunque en los mercadillos es habitual el regateo y hay países que lo imponen como una cultura de vida, hoy te mostramos algunos ejemplos de cosas en las que podrías ahorrar aplicando la tesis.

electrodomesticos

Seguramente en tiempos de crisis, el regateo ha sido una de las mejores bazas de las que nos hemos aprovechado cuando ha sido posible. Sin embargo, si es habitual ver la técnica en los mercadillos de todo tipo, y también en el mercado inmobiliario, no lo es tanto en otros sectores en los que aunque parezca increíble, hay quien consigue ventajas apostando a eso de bájale un poco el precio que no llego. Hoy en A Fin de Mes vamos a darte algunos ejemplos de situaciones en las que regatear no es lo más común, pero en las que si le echas cara, es probable que consigas un descuento importante en lo que querías.

Lógicamente, precisamente porque el regateo no es parte de esos comercios, no siempre vamos a poder sacar partido de ello. No vaya a ser que ahora vayamos a cualquier lado y pidamos que nos bajen el precio. ¿Te imaginas ir a tu bar de siempre y pedirle el café con descuento? ¿O al supermercado y la cara que te pondrá la cajera? Tampoco se trata de eso, sino de saber aprovecharse de ciertas oportunidades en las que todos podemos ganar algo.

  1. Además de en la compra de vivienda, en el alquiler: actualmente el mercado del alquiler está bajando los precios. Pero no solo los nuevos inquilinos se pueden beneficiar de ello. De hecho, tengo un conocido que consiguió que tras finalizar su contrato, el mismo propietario le renovase a un precio más bajo. Esto es posible porque el propietario sabe que su precio está por encima del mercado, y porque además, no siempre se da con inquilinos que paguen y que no den problemas. Así, prefiere bajarte el precio a ti, que ya te conoce, que tener que colocarlo en el mercado, rebajado, y enfrentarse de nuevo a la búsqueda de un inquilino.
  2. Electrodomésticos en escaparates y vitrinas: aunque en muchas tiendas no se permite la venta del producto que está en expositor, si que es cierto que otras lo hacen a precios más bajos. Las razones son evidentes. La caja no está como nueva, y el producto puede presentar faltas de brillo al haber sido expuesto a los clientes o algunos defectos en la parte exterior. Si te gusta algo, y ves que no hay unidades, siempre pregunta. Y en caso de que no te nieguen su compra, regatea para conseguir el mejor precio. A ellos una única unidad no les servirá de nada, y menos aún, si no está en perfectas condiciones.
  3. Subastas en barrios: aunque se trata de una costumbre muy americana, la crisis ha hecho que en las grandes ciudades se importe. Así, un grupo de personas se decide a visitar la casa de otro vecino en la que tiene un montón de productos propios de los que se quiere deshacer. Aunque cada uno de ellos tendrá un precio concreto, si optar por llevarte un lote, ahorrarás y mucho. Eso sí, en este caso el regateo es obligatorio.
  4. Prendas de moda: imagina que has encargado un vestido de un color y te lo han traído de otro. El otro te gusta, pero no es el que tú querías. Si tienes pensado quedártelo, no dudes en regatearle el precio. Ha sido la tienda la que se equivocó, y si no asume su error se encontrará con una prenda que quizás no tenga salida y que por ello no estaba en stock. Es muy probable que te hagan un descuento sobre el precio de venta.
  5. Electrodomésticos: si quieres electrodomésticos de una determinada marca y de un determinado color y los encargas y te ocurre como en el caso de la ropa, es otro buen momento para sacar partido del regateador que llevas dentro. La tienda, si ha hecho el pedido exclusivamente para ti, y se ha equivocado, probablemente no tenga ni sitio en el que colocarlos. Así que ni lo dudes, ésta es una buena ocasión.
  6. Servicios profesionales: en este caso, ya no solamente se trata de regatear el precio buscando varias opciones y presupuestos. También de buscar que el profesional se repiense el coste final añadiendo valores añadidos como el pago por anticipado o la promesa de nuevos proyectos. Está claro que no regatearemos en este caso como en el mercadillo, pero todo lo que nos ahorremos será positivo para nuestra economía doméstica.

Como ves, hay muchas situaciones poco comunes a la hora de pensar en regatear con las que nos podemos encontrar en nuestro día a día, y que si bien en algunos casos suponen renunciar a productos tal y como los queríamos, también implican una buena ventaja con respecto al precio ¿Se te ocurre algún otro caso en el que regatear sea una buena idea?

Imagen: Matthew Rutledge

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