Cambios importantes en el IVA europeo: el desastre de pymes y autónomos

Las empresas, autónomos y pymes que facturen al consumidor final deberán hacerlo con el IVA de su país. Eso implica un gran trabajo y superar a la burocracia.

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El nuevo año, ése que estamos a punto de comenzar traerá cambios sustanciales no solamente a nivel personal y de los objetivos que se marque cada cual, sino también a niveles fiscales ya que la entrada en vigor de la reforma fiscal hará que algunas cosas sean más caras, y que otras, nos cuesten menos. Así que conocer todas esas novedades puede hacer que tomemos las mejores decisiones. En todo caso, en A Fin de Mes ya te hemos hablado largo y tendido de algunos de esos cambios, pero hoy queríamos centrarnos en uno que a partir de enero de 2015 podría hacer que mucha gente que pretende innovar y que quiere ganarse la vida por su cuenta, lo tenga realmente difícil.

De hecho, si bien se nos dice que hay un montón de políticas de apoyo a pymes y a autónomos, y que emprender es el futuro, luego en la práctica, nos encontramos con todo lo contrario. No solamente no se ha desarrollado un verdadero plan que fomente el autoempleo, sino que las ayudas y subvenciones son complejas, y tan solo están disponibles para aquellos que inician una nueva actividad, algo realmente injusto si tenemos en cuenta que la actual crisis ha hecho que muchos sean los que ven peligrar sus negocios de toda la vida. Y si vender fuera, utilizando las nuevas tecnologías iba a ser un punto a favor, ahora con la nueva ley del IVA las cosas se pueden poner complicadas.

A partir del 1 de enero de 2015 entra en vigor en España, y debería hacerlo de forma similar en el resto de países europeos, una norma que obliga a pagar el IVA de los productos o servicios que se vendan a través de la red en el país del consumidor. Hasta ahora, el IVA generado por las ventas se pagaba en el país en el que tenía la residencia la empresa. Esto supone que si a través de una web vendemos a consumidores de 5 países diferentes dentro de la Unión Europea, debemos estar al tanto de la fiscalidad de cada uno de esos cinco países, emitir las facturas reguladas para cada cuál e ingresar el dinero correspondiente al impuesto en cada una de las Agencias Tributarias correspondientes. Eso quiere decir que muchas empresas, directamente descartarán la opción por lo compleja que resulta y por el hecho de que en ocasiones, las ventas al consumidor final tampoco suponen los mayores beneficios. Otras, aún sin constituir, descartarán las ideas de negocio que tienen porque esto supone un gran impedimento.

Simplificando lo que no debería complicarse

En un intento de hacer más sencilla la normativa, y sobre todo de evitarse las durísimas críticas que se están llevando a cabo por parte del colectivo de pequeñas dimensiones, que resulta al final ser el afectado por esta normativa, desde la Unión Europea han planteado un formulario único que cada empresa que venda en el exterior debe cubrir y será el propio Estado miembro el que se encargue de ingresar el dinero correspondiente al IVA en cada uno de los países a los que se haya vendido. De ese modo, el emprendedor solo tiene que hacer un listado de las ventas que ha llevado a cabo, y pasarle a Hacienda éste con el reintegro del IVA. La propia Agencia Tributaria será la que se encargue de pagar al resto de países.

Sin embargo, en España, el enlace de descarga de dicho documento está mal, y hay que darse unas cuantas vueltas para encontrar el correcto. Además, por ley, el que vende a un consumidor final dentro de la Unión Europea está obligado a comprobar su residencia con dos métodos. Estos pueden ser la dirección, el número de la tarjeta, la dirección IP desde la que hace el pedido…. Y se debe dejar constancia de estos métodos durante 10 años, por lo que hay que invertir dinero en servidores virtuales que permitan almacenar toda esta cantidad de datos. En definitiva, un nuevo atraso para los usuarios, y un importante impedimento para los emprendedores de pequeñas dimensiones que no van a poder lanzarse a la venta exterior. Ya antes era difícil, pero ahora, es prácticamente imposible.

Está claro que en la Unión Europea preocupa el fraude fiscal, más aún teniendo en cuenta todo lo ocurrido con las grandes compañías hasta la fecha, pero esta medida no solo no lo resuelve, sino que le crea problemas a los que intentan hacerse un hueco en el mercado y sobre los que no pesan sospechas de fraude sino todo lo contrario. Injusto, contraproducente y desde luego nada práctico. ¿De quién sería esta alocada idea que nos pasará factura a todos aquellos que queremos un mercado europeo común de verdad y que no somos de ninguna gran compañía?

Imagen: Camilo Rueda López

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