Bajadas de impuestos de IRPF, ¿cómo afectan al bolsillo de los contribuyentes?

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¿De qué manera afectan a tus bolsillos las bajadas de impuestos?

España ha asumido nuevas medidas en materia de impuestos, todo con la necesidad de mejorar algunos de sus esquemas establecidos en el pasado y así obtener mayores beneficios e inversión.

Para el ejercicio de 2018 se prevé que la recaudación se incremente hasta 6% en comparación con 2017. Para lograrlo, el IRPF espera recaudar más del 6,5%, en IVA más del 5,6% y en impuesto de sociedades un 4,8%.

Así, parte de los ajustes realizados y en los que se esperan resultados positivos son los siguientes:

  • Se incluyen nuevas deducciones para gastos de guardería y por cónyuge con discapacidad.
  • Se incremente la reducción para familias numerosas.
  • Se aumenta el umbral de tributación desde los 12 mil euros hasta los 14 mil euros.
  • Se incrementa la reducción para rentas del trabajo hasta 14 mil euros de salario bruto.

Cómo y a quiénes afectan las medidas

Las medidas propuestas por el gobierno en materia de impuestos eximen del pago del mismo a las rentas que sean inferiores a los 14 mil euros, mientras que aquellos que ingresen menos de 18 mil euros al año se verán beneficiados con una rebaja anual de hasta 300 euros.

El impacto más directo de este llamado sería sobre aquellos mileuristas que presenten cargas familiares y que, en ese caso, está motivada por la inclusión de los pensionados mayores de 65 años de edad.

Además, en este grupo también aparecen los trabajadores activos cuyo estado civil es casado y tienen hijos, donde también tributan hasta los 14 mil euros. Dicha rebaja del impuesto se valora en aproximadamente dos mil millones de euros y cuyo efecto se vería sobre unos dos millones y medio de contribuyentes.

En busca del equilibro

Para concretar la recaudación planteada por parte del IRPF, el Estado debe hacer todo lo que esté a su alcance para que el Producto Interno Bruto crezca aproximadamente un 3% durante el calendario. Así, las familias se verían obligadas a totalizar poco más de siete mil millones de euros.

Sin embargo, y a pesar de todo lo establecido, el pasado reciente no es el más alentador: en 2017, de siete mil millones pautados, se lograron recaudar 500 millones menos. La exigencia crece y los resultados esperan ser los correctos en el ejercicio de 2018. 

Tiempo, mucho tiempo

A pesar de que la experiencia previa no sea tan alentadora sobre los números, a partir de allí nacieron nuevas propuestas. El Gobierno pretende cambiar la cara y mejorar absolutamente en esta materia, por eso la aplicación de esta serie de medidas.

Con esto, el Estado busca que en los próximos años se reduzca gradualmente la relación entre la deuda pública sobre el PIB:

  • 97,6% en 2018.
  • 95,4% en 2019.
  • 92,5% en 2020.

Pero esto, en caso de convertirse en patrón común, aún obligaría a darle más tiempo a la situación. Si son estos los números, se estima que en 2045 dicha relación baje hasta alcanzar el 60%, que es el criterio de deuda establecido por la Unión Europea.

Lugares hacia los que vale la pena voltear

En España, la solución podría estar reflejada en otros países de la región. Los nórdicos, por ejemplo, cuentan con un guion distinto, pero efectivo. Sus impuestos son más altos, aplicando un mayor porcentaje al área corporativa, pero eso no los desequilibra a nivel presupuestario.

Durante los ciclos expansivos, estos ven reducir su deuda, mientras que en los recesivos se notan una serie de déficits ante el alza de algunas estadísticas; no obstante, esto no hace mella en su maquinaria.

De alcanzar una estrategia que logra dar en el punto clave, se permitirá subsanar ese desbalance que ha marcado los últimos años y en los que se nota una deuda voraz y que toma fuerza más rápido en los ciclos recesivos por sobre el ritmo que se puede palpar en los ciclos expansivos.

Una jugada necesaria

Un pro y a la vez contra. Así puede resumirse la medida. Veámoslo desde el siguiente punto: la empresa privada se ve favorecida ante este llamado, pues entenderá que España es un lugar seguro y de confianza para invertir, libertad a la que se aferrará para colocar su capital en dicho territorio.

Pero, ¿qué gana el Estado?

Es ahí donde viene el riesgo. La baja de los impuestos, el menos en este país, tiene un peso especial puesto sobre la deuda y no sobre el gasto público. De esta forma, se ve obligada a mantener el discurso a mediano y largo plazo para evitar la fuga de inversión.

Esta jugada puede ser vista como algo normal, pero hay mucho puesto sobre la mesa. Eso sí, con esta serie de decisiones se intenta encontrar el camino y el patrón en el que tanto ciudadanos como empresa y, sobre todo, el Estado, puedan salir airosos en la materia.   

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