Las personas más poderosas del mundo adoran estos libros

Aprovecha lo que leen los famosos para revisar tus gustos y tus hábitos de lectura porque nunca es tarde si la dicha es buena

A vueltas con lo que leen los famosos

De vez en cuando salen noticias sobre los libros que leen los poderosos, aunque quizá habría que decir los más influyentes o famosos, porque poderosos en sí mismos no lo son. Puede que sea poderoso el Estado que presiden, o la empresa que poseen, pero lo que son ellos, son tan frágiles, lo quieran o no, como todo hijo o hija, de vecino o vecina.

Hasta ahora no había utilizado el femenino, porque me ha llamado la atención que en esas listas de lectores pudientes, tan sólo se encuentren dos mujeres: Angela Merkel, canciller alemana, y Oprah Winfrey, presentadora de televisión estadounidense. Y no es que no haya más, o que no lean (las mujeres leen más que los hombres), o que no escriban (muchos de los éxitos actuales de lectura están escritos por mujeres), es que las noticias siguen fabricadas por hombres.

Conocer los libros que una persona lee puede tener su importancia, a partir de sus libros favoritos se puede saber mucho acerca de su forma de ver el mundo. No en vano, algunos han cambiado el refrán “dime con quien andas y te diré quien eres”, por el de “dime lo que lees y te diré quien eres”.

El cambio no está mal pensado, porque un libro no deja de ser un amigo, un compañero; y dependiendo de cómo sea, de la influencia positiva o negativa que pueda reportar, irá influyendo de una u otra manera. En cada una queda luego la capacidad de elección. Lo que no resulta posible es crecer sin amigos, tampoco sin libros.

Pero, más allá del tipo de libros que lean o dejen de leer los famosos, el mensaje importante de la noticia es saber que leen, que dedican tiempo a la lectura, a no ser que nos estén engañando, como en tantas cosas; porque hay que reconocer que en general, al menos aquí en España, se lee muy poco.

Cuánto, cómo y dónde leer

Como dice la letra de la canción de la banda musical Morat “no sé cuánto, cómo y dónde”, solo que aplicada a la lectura.

Vamos con el cuánto. Los españoles suspenden en lectura. Ni siquiera el auge del libro electrónico o la tablet ha sido capaz de mejorar los malos hábitos de lectura. Sólo un tercio de los españoles lee libros a menudo. No se nos ha educado para que sintamos la necesidad de saber, el valor del conocimiento. Es necesario reconocer que a través de la lectura, otros pueden abrirte los ojos y descubrirte horizontes nuevos; y es preciso experimentar y trasladar a los más jóvenes que la lectura también divierte. Para introducirse en la lectura y hacer de ella un hábito, como con cualquier otro hobby, hay que dedicarle a ser posible un tiempo cada día, o al menos cada semana. Bill Gates, el magnate de Microsoft, lee una hora al día como mínimo y de lo más variopinto.

Cómo. La manera tradicional de leer ha sido a través de libros o revistas, luego vinieron los comics, ahora han llegado Internet y los soportes electrónicos que contienen libros digitalizados. Da lo mismo el soporte que se utilice, sólo “libros reales” (de papel) prefiere la periodista Arianna Huffington, pero no vamos a discutir si es mejor uno u otro, lo importante es que se lea y que se lea de continuo. Hay libros pequeños y grandes, textos cortos y largos, buenos y pésimos. La longitud de las obras no garantiza su calidad, pero, de cara a la lectura, hay que reconocer que quien no ha sido capaz de enfrentarse a un libro extenso y llegar hasta el final, todavía no se ha “doctorado” en eso de la lectura.

Y tan conveniente como lo anterior, es no convertir la lectura en una tortura. No siempre se acierta con el libro, a veces puede resultar un auténtico tostón, es verdad que a cualquier texto hay que darle un margen de confianza, pero tampoco hay que empecinarse, si aquello no convence, lo mejor es cambiar de libro. Eso no es un fracaso. Es preferible cambiar de camino que perderse por empeñarse en seguir el camino equivocado.

Y dónde. Pues donde sea, desde el medio de transporte utilizado, siempre y cuando no conduzcas tú, claro; hasta en el socorrido baño, que todos lo utilizan y más cuando van entrando en años y avanza eso que llaman estreñimiento. Las preferencias a la hora de entregarse al placer de la lectura son muy diversas, hay quien prefiere reservar un rato en la noche. Otr@s, a lo largo del día para descansar del trabajo, o en la tranquilidad de la tarde. Y los que tienen “peques”, ya se sabe, uno o dos cuentos a la hora de dormir, hasta que el cuerpo aguante, como el Mago de Oz.

Lo que leen los famosos

En España, parece que se leen sobre todo novelas, especialmente históricas. El género en sí o el tema de la obra son la razón principal para escogerla por encima del autor, del título o del juicio de la crítica. También entre los famosos este género es uno de los preferidos: Matar a un ruiseñor, de Harper Lee. Moby Dic, de Herman Melvilla. La canción de Salomon, de Toni Morrison. Liberta, de Jonathan Franzen. El guardián entre el centeno de J. D. Salinger. El proyecto Rosie, de Graeme Simsion. Los restos del día, de Kazuo Ishiguro. Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Los más entusiastas del género son Oprah Winfre, Barack Obama, Richard Branson y Bill Gates, aunque a este empresario también le gusta leer sobre matemáticas, ciencia y medicina, al igual que a Elon Musk.

Por los libros de historia apuestan Angela Merkel, Mark Zuckerberg y Carlos Slim: La transformación del mundo, de Jürgen Osterhammel. Muqqadima, de Ibn Jaldún. Sapiens, de Yuval Noah Harare.

Mark Zuckerberg está también a caballo entre la historia, la filosofía y la denuncia social; y Mariano Rajoy: Los ángeles que llevamos dentro, de Steven Pinker. Patria, de Aramburu. Palmeras en la nieve, de Luz Gabás. La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. La democracia en América, de Alexis de Tocqueville. Portfolios of the Poor: How the World’s Poor Live on $2 a Day, de varios autores.

Tim Cook, Jeff Bezos y Steve Jobs, apuestan por la temática financiera y económica: Creativity, Inc., de Ed Catmull. Built to Last: Successful Habits of Visionary Companies, de Jim Collins y Jerry Porras. El ejecutivo eficaz, de Peter Drucker. Compitiendo contra el tiempo, de George Stalk. La solución de los innovadores, de Clayton M. Christensen.

Y, como no, la nota estrambótica la pone Donald Trump, que como libros favoritos suyos indica uno de él mismo, “el burro delante para que no se espante” (es un refrán): El arte de la negociación, de Donald Trump. Otro libro, El Amateur, de Edward Klein, que critica a Barack Obama. Y La Biblia.

La Biblia, como su nombre indica es una biblioteca, colección de libros. Vamos que es como si yo digo que mi libro favorito es la biblioteca de mi pueblo. Dentro de La Biblia podemos encontrar libros tan revolucionarios como los Evangelios, tan existencialistas como el libro de Job, o tan machistas como el libro de los Jueces.

Si tenemos en cuenta que otro de los libros favoritos de Donald Trump es El arte de la guerra, de Sun Tzu; y que cita versos de La Biblia que ni siquiera están en ella; y que sus propuestas y manera de actuar no son precisamente muy respetuosas ni con los derechos humanos, ni con el medio ambiente, está claro que si, el magnate y presidente, lee algo de La Biblia será del Antiguo Testamento, y lo más probable es que ni eso.

¡Así que, ya sabes, que no sea por no leer!

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